martes, 11 de diciembre de 2007

Secreto blanco.


Adicto a tu olor, a esa sencillez de bella perturbada, a esos ojos voladores.
Al pasar la noche nadie sabrá el secreto que tus manos ocultan.

Trato de revisar aquellos recuerdos, abro mi cabeza y con pinzas y navajas
corto y separo lo que no sirve, la vergüenza, la timidez, todo lo aparto,
así se está mejor.

Sol, sol que te ocultas en su espalda, sal e ilumina mis pequeñas esperanzas
de seguir allí, de flotar y poder respirar entre sus piernas, aguantando los temblores
y derroches del amor.

Un poco de tarde nos viene bien, segando los lados claros del mundo,
haciendo llorar hasta el árbol más fuerte.
Un paso entre la nada, línea muy pequeña que nos lleva a la muerte,
amiga y enemiga, compañera al final, al inicio de la nada.

Entre mis pestañas la luz de tu mirada me dice que he de volar, volar hasta
tocar las nubes, la tempestad de tus palabras, donde se juntan las frases del infierno,
donde tu las haces brotar de tus pechos, tan natural, tan tétrico, tan familiar.

Al pasar la noche nadie sabrá nuestro secreto, lo que nunca existió,
el camino hacia el fin, hacia la inmortalidad, el éxtasis de tu luz.


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